Agentes criminales, interacciones oscuras

Tipología de los agentes del
crimen organizado en Venezuela

Una de las principales conclusiones a las que ha llegado Transparencia Venezuela en los últimos años es que en el país el crimen organizado se encuentra en una fase simbiótica, esa que se produce cuando hay una interdependencia entre los actores criminales y los grupos de poder dentro del sistema político y económico que hace que sea muy difícil poder separar a unos de otros.

En la fase simbiótica del crimen organizado la corrupción se constituye como una herramienta articuladora, entre los actores meramente criminales y los representantes del Estado (ministros, presidentes de empresas estatales, integrantes de cuerpos de seguridad y defensa, entre otros), que procura el trabajo conjunto teniendo como norte el éxito de las actividades ilícitas, su continuidad y perfeccionamiento en el tiempo, así como la repartición de las rentas.

Desde tiempo atrás, los resultados de las investigaciones internacionales sobre esa fase simbiótica del crimen organizado han llevado a dejar de lado la percepción de los agentes involucrados en los ilícitos como integrantes de organizaciones criminales rígidas, con una jerarquía fuerte, una motivación únicamente económica o un ámbito de acción definido. Esto da paso a entender a los actores vinculados en estas actividades como miembros de redes o sistemas criminales en las que se relacionan diferentes factores nacionales o extranjeros, ilegales o no estrictamente ilegales, con múltiples fines y con una gran capacidad para adaptarse ante los cambios del entorno.

Las investigaciones desarrolladas hasta ahora por Transparencia Venezuela han permitido identificar para el caso venezolano, al menos, cuatro características generales que reúnen las redes criminales que operan en el territorio:

Cuentan con el apoyo y participación de agentes que no son estrictamente criminales sino “grises” o indefinidos

En estas redes convergen actores que se dedican a las actividades criminales a tiempo completo, como los narcotraficantes, sicarios o pranes, quienes hacen uso de la violencia y controlan territorios, junto con agentes que también persiguen y promueven objetivos criminales, pero que actúan desde organizaciones legales, públicas y privadas.

Los agentes que actúan desde organizaciones formalmente legales, pero facilitando la realización de objetivos criminales, se denominan grises o indefinidos porque en ellos no coinciden el rol institucional y el rol organizacional. Estos agentes pueden operar en todos los niveles de la administración pública y en todos los sectores de la economía.

Cuentan con elevados niveles de resiliencia criminal

Las capacidades institucionales con las que cuentan los agentes grises son tan diversas que terminan fortaleciendo y haciendo cada vez más resilientes a las redes criminales en las que participan. Por un lado, estas capacidades aumentan exponencialmente el repertorio de formas para tramitar, intercambiar, y trasladar recursos lícitos e ilícitos a través de la red; por el otro lado, porque los agentes con intereses criminales pueden actuar desde el sistema de justicia, de manera que los mismos operadores judiciales -que cuentan con capacidades institucionales legales- pueden favorecer intereses criminales, debilitando así las instituciones que salvaguardan el funcionamiento democrático del Estado.

Son estructuras capaces de mantenerse estables aún frente al cambio de importantes actores

Estas estructuras criminales son tan flexibles y tienen tal nivel de adaptación que se reacomodan con rapidez ante cambios internos, de la propia red criminal, o externos, modificaciones en la naturaleza del negocio o rotación de cargos públicos claves.

Es decir que, a pesar de que se cambien los actores públicos o privados responsables de procesos de seguridad, defensa, actividades financieras, de supervisión o control, las estructuras ilícitas realizan reencuadres internos y externos que les reducen el riesgo de desaparecer.

Aunque muchas de estas redes tienen líderes definidos, conocidos y respetados, no son organizaciones que dependen exclusivamente de ellos para sobrevivir, sino que funcionan de manera dinámica porque lo importante es mantener el negocio ilícito. Así se ha visto en los últimos años cuando, por ejemplo, se cambia a un alto cargo militar que convive o permite el narcotráfico en el estado Apure, frontera con Colombia, y en algunos casos el sustituto en el cargo rápidamente se integra a la red de corrupción, de modo que el negocio ilícito continúa.

Al conformar extensas y variadas redes criminales, los mercados ilícitos se extienden a través de jurisdicciones locales, regionales, nacionales e internacionales

incorporando cada vez más novedosos procedimientos de operación. Esto los convierte en sistemas abiertos con capacidad para cooptar cada vez más agentes grises, incursionar en más mercados ilegales, y adoptar diversos procedimientos de lavado de dinero a escala transnacional.

La capacidad de extenderse del ámbito local al regional, nacional e internacional deja en evidencia el poderío que tienen, el impacto en las poblaciones y la necesidad del trabajo conjunto entre policías, fiscalías y tribunales de distintos países para enfrentarlos.

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